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Posta de Morales

En los siglos XVII y XVIII se crearon tres rutas principales de comunicación. Una que conducía a Asunción, otra que llevaba a Santiago de Chile y la tercera llegaba al Perú. Eso trajo como consecuencia la aparición de pequeñas poblaciones que se agrupaban en torno a estancias, capillas y lugares seguros.

Las huellas primero, luego los senderos y por último los caminos que unían los poblados, fueron delineando la ruta al Perú, la misma que posteriormente se llamaría Camino Real.

Las postas existían en cada poblado; eran simples ranchos en su mayoría construidos con techo de paja y paredes de adobe. Allí era donde, con un "alto en la huella", se reabastecían los caballos y viajeros para continuar el camino.
Para encerrar caballos se construía próximo al rancho un corral con estacas clavadas en la tierra denominadas "corral de palo a pique".

Hacia 1848 comenzaron a circular los caminos reales las galeras. Estas eran esperadas por la población con gran ansiedad, ya que traían información, correspondencia, periódicos, etc. Esto hacía que la posta fuera el medio de comunicación con la civilización y estaban a cargo del Maestro de Postas.

En 1770, la posta de Morales estuvo de paso en el viaje desde Lima, Perú, a Buenos Aires del Comisionado Don Alonso Carrió de la Vandera, enviado por la Corona de España para el establecimiento definitivo del Sistema de Postas y Correos. Un año después se nombra a Don Florencio Moyano como maestro de Postas en San Antonio de Areco.

Hoy esta posta se recuerda como La Posta de Morales, no en referencia a su primer puestero, sino en memoria de la familia Morales, uno de cuyos miembros, Don Justo Morales, por años desempeñó el cargo de Maestro de Postas.

 
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